Fue un 6 de mayo de 1965, en un hotel de Clearwater, Florida. El guitarrista de los Rolling Stones se levantó a mitad de la noche, tomó su grabadora Philips y registró una idea fugaz.
En ese momento, el rock and roll estaba en plena ebullición, y los Stones ya eran una fuerza imparable. Pero nadie imaginaba que ese garabato sonoro se transformaría en un himno generacional.
El contexto era de pura efervescencia musical. La radio sonaba a Beatles, a Motown, a la invasión británica. Y en medio de todo eso, un riff simple, pegadizo, que lo cambió todo.
Cuando Richards se despertó al día siguiente, encontró en la cinta dos minutos de música y cuarenta de sus propios ronquidos. Pero esos dos minutos eran oro puro: el esqueleto de "(I Can't Get No) Satisfaction".
La canción se lanzó poco después y fue un terremoto. Capturó la frustración y el anhelo de una juventud que buscaba su voz. Se convirtió en el primer número uno de los Stones en Estados Unidos y en un ícono cultural.
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Ese riff, nacido de un sueño, se grabó en el ADN del rock.
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Nos recuerda que la inspiración puede llegar en el momento menos pensado, y que a veces, las ideas más grandes nacen en la quietud de la noche.
Revivilo acá 👇🎶
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