Un día como hoy, 10 de octubre, pero de 1969, el rock dio un giro que marcaría para siempre su historia: la banda británica King Crimson publicaba su álbum debut, In the Court of the Crimson King, la obra que es considerada la piedra fundacional del rock progresivo.
Grabado en los legendarios estudios Wessex Sound de Londres en apenas ocho días durante agosto de 1969, el disco presentó un sonido que nadie había escuchado hasta entonces. Bajo la dirección del guitarrista Robert Fripp, la formación original —con Greg Lake en bajo y voz, Ian McDonald en vientos y teclados, Michael Giles en batería y Peter Sinfield como letrista— fusionó el rock con el jazz, la música sinfónica y el folk en cinco piezas que rompieron todos los moldes de la época.
La apertura, "21st Century Schizoid Man", con su riff de guitarra distorsionado y su saxofón frenético, se convirtió en un himno oscuro y profético sobre la deshumanización. En el otro extremo del disco, "Epitaph" y la épica "In the Court of the Crimson King" mostraron una belleza melódica y una ambición orquestal que elevaron al rock a la categoría de arte mayor. Y en el medio, el delicado interludio "Moonchild" junto al folk onírico de "I Talk to the Wind" equilibraron la intensidad con pura poesía sonora.
La portada, obra del artista Barry Godber, con ese rostro atormentado gritando hacia el cielo, se volvió tan icónica como la música: es una de las tapas más reconocidas y reproducidas de la historia del rock.
Con el tiempo, In the Court of the Crimson King fue incluido una y otra vez entre los mejores álbumes de todos los tiempos. Su legado se escucha en el prog de los 70, en el metal, en el post-rock y en generaciones de músicos que entendieron que el rock podía ser ambicioso sin dejar de ser visceral. Pete Townshend lo llamó "una obra maestra siniestra". La historia le dio la razón.
A 57 años de su lanzamiento, el Rey Carmesí sigue sonando tan desafiante como aquella mañana de octubre de 1969.
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