El 21 de octubre de 1977 salía a la venta Bat Out of Hell, el debut de Meat Loaf, un disco que casi nadie quiso editar y que terminó convirtiéndose en uno de los álbumes más vendidos de todos los tiempos, con más de 40 millones de copias en todo el mundo.
La ópera rock que nadie entendía
Las canciones las había compuesto Jim Steinman, un autor de musicales con ambiciones wagnerianas: temas de diez minutos, pianos desbocados, guitarras heroicas y letras de amor adolescente llevadas al extremo. Los sellos lo rechazaron una y otra vez —"eso no se va a vender"— hasta que el productor Todd Rundgren vio el desfile ahí dentro y aceptó el desafío, aportando su propia guitarra y su visión.
El éxito que tardó en despegar
El disco no explotó de inmediato: fue creciendo boca a boca, impulsado por "Two Out of Three Ain't Bad", "Bat Out of Hell" y la monumental "Paradise by the Dashboard Light", con su relato de béisbol incluido. Cuando el público lo descubrió, no lo soltó más: pasó años en las listas y convirtió a Meat Loaf —nombre artístico de Marvin Lee Aday— en una estrella improbable e inolvidable.
Un murciélago eterno
Steinman y Meat Loaf repetirían la fórmula con Bat Out of Hell II en 1993 ("I'd Do Anything for Love"), pero el original de 1977 sigue siendo el manifiesto: la prueba de que el exceso, cuando es sincero, también es arte. A 49 años de su salida, el murciélago sigue volando.
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