Hace cuarenta años, en un estudio de Londres donde el frío se sentía más que el sonido, un grupo de chicos con sintetizadores viejos y corazones grandes grabaron lo que cambiaría la forma en que el mundo escuchaba la tristeza.
“Just Can’t Get Enough” salió el 27 de noviembre de 1981 como primer sencillo de “Speak & Spell”, el álbum de debut de Depeche Mode. Nadie esperaba que una canción tan luminosa, tan ingenua, tan llena de sintetizadores caseros y una voz que temblaba como un cristal al viento, se convirtiera en un himno.
En la Argentina de ese año, la radio aún era el único portal al mundo. Las estaciones de FM transmitían en vivo, con locutores que te contaban historias entre canciones. Y de pronto, en medio de los éxitos de los 80 que venían de Estados Unidos, llegaba esta melodía europea: simple, repetitiva, pero con algo que te apretaba el pecho. Como si alguien te susurrara: “yo también me siento así”.
La canción no era rock, no era cumbia, no era nada de lo que se escuchaba en los programas juveniles locales. Era otra cosa. Una especie de pop electrónico que parecía hecho con lágrimas y baterías electrónicas de juguete.
Y sin embargo, se coló. En las radios universitarias, en las cintas de casete que pasaban de mano en mano, en las fiestas donde alguien ponía el equipo de sonido y todos se callaban al primer acorde.
Hoy, cuando suena, todavía se detiene el tiempo. No por nostalgia, sino porque esa canción nunca dejó de ser verdad.
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