
Era agosto de 1987. El verano en Buenos Aires olía a asado y a cinta de cassette recién comprada.
En las radios, nadie hablaba de otra cosa: Michael Jackson había vuelto.
No era un simple disco. Era un evento.
“Bad” salió el 31 de agosto de 1987, y en solo 24 horas vendió más de 5 millones de copias en todo el mundo.
En la Argentina, las tiendas de discos se llenaban antes del amanecer. Jóvenes con jeans rotos y reproductores de casete en la mochila, esperaban como si fuera un concierto.
La portada, con ese look de chaqueta de cuero, guantes blancos y mirada desafiante… se convirtió en símbolo de una generación que quería ser diferente, pero también quería bailar.
El video de “Bad”, dirigido por Martin Scorsese, fue un cortometraje de 18 minutos. Nadie había visto nada así.
En las escuelas, los chicos copiaban los pasos en el patio. Las chicas, las gafas oscuras y el gesto de “I’m bad”.
No era solo música. Era una cultura que entraba por los oídos y se quedaba en el alma.
Michael no solo cantaba. Nos contaba quiénes éramos, incluso cuando no lo sabíamos.
Hoy, cuando suena “Bad” en algún auto que pasa con el volumen alto,
el tiempo se detiene.
Y por un segundo, volvemos a tener 14 años.
Revivilo acá 👇🎶
https://www.youtube.com/watch?v=7Z6uZ2tX3sU
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